Turismo: cambiar el rumbo

En los últimos días en medios periodísticos y en las redes sociales, se han escuchado voces preocupadas por el estado que presenta el Camping “Treinta y Tres  Orientales”, cuando han comenzado las temperaturas que anticipan el verano y con ello, se busca ese magnífico lugar para el solaz.

Como ha sucedido en los últimos años, quienes administran la zona, se aferran al almanaque y se sitúan en el 8 de diciembre como una fecha para la “largada” de la temporada. Mientras tanto quienes van al Camping, se ubican entre los altos pastizales, la falta de servicios y la ausencia de personal administrativo.

Existe razón en el malestar de la gente.

Pero analizando más profundamente debemos coincidir en que no existe una política turística. No se ve desde hace un tiempo, ni se vislumbra a corto plazo, una política que contenga un conjunto de decisiones en materia turística que, integradas armónicamente en el contexto de la política departamental y o nacional,   orienten la conducción del sector y las correspondientes acciones por seguir.

Y ese hecho ha conspirado para que Durazno no aproveche, de una vez por todas, el potencial turístico que tiene.

No basta con recibir a visitantes y mostrarles nuestras plazas, museos o nuestro río con sus playas. Hay promoción cero para que nuestra ciudad sea atracción para muchos uruguayos que gustan del turismo interno. El que viene lo hace por su propia inquietud y no porque desde aquí se les convoque.

Estamos en una  situación de estancamiento del sector turístico,  por culpa de la ausencia de una política turística seria y eficiente.

Y para peor de males, se le ha sacado a eventos fisonómicos del departamento, gran parte de su esencia.

El Festival de Folclore por ejemplo, era un evento de convocatoria nacional porque tenía sus características propias, que le hacían diferente. Desde la organización se abría un registro de alojamientos particulares, porque los hoteles y pensiones no daban abasto. Un año fueron más de 180 los lugares, con más de 500 camas ofrecidos y todos se ocupaban.

Hoy eso no pasa.

El evento fue eliminando rasgos que le hacían único en su género y la motivación para hacer kilómetros y llegar al Parque se vino a pique, porque la propuesta es igual o peor que la que se ofrece en otros lugares del interior. El Camping se nutría de visitantes de todo el país, porque su funcionamiento era complementario con el evento convocante.

El Festival y el Camping hoy se nutren en su gran mayoría de los lugareños.

Es necesario ponerse a trabajar para recuperar el terreno perdido. Y en esa tarea deberían estar representados los sectores públicos y privados, elaborando un conjunto de acciones que pongan a Durazno como se merece con condiciones de competitividad para el sector turístico nacional y opción más que valedera para visitarle.

 

 

 

 

 

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