Albergó miles de esperanzas.

Soy uno de los tantos que hice Primaria en la Escuela Nº 2, de cuyos recuerdos podría traer nombres de maestras como Brenda Fagián, Gliselda Matonte, Reina Cawen y Olga Gamboa.

Junto a la foto del tradicional aljibe, encontré una reflexión de Daiana Fagoaga Guanco, joven que recuerda con admiración su pasaje por la escuela y cuya mamá Gladys trabajó mucho en las comisiones de apoyo, lo que me pareció ideal para un homenaje de Durazno Hoy a ese edificio en donde tantos duraznenses recibimos nuestras primeras enseñanzas.

 

Hoy me encontré con esta foto del aljibe de mi escuela. Y los recuerdos fueron llegando. El sonido del timbre, los pasos corriendo en las baldosas cuando llegaba la hora del recreo, las risas y los llantos cuando tocaba despedir cada año, el ceibo majestuoso, los bizcochos de dulce membrillo, el sonido de la tiza al escribir en el pizarrón. Las fotos cada año, la moña planchada, el pericón, los actos patrios, la cruz roja, los días tristes y también los más felices. La escalera, el olor de la cocina del comedor, la Banda de la que súpe ser parte con mi malla bordada con la clave de sol. Mi mamá amo mucho este lugar, hasta que pudo hacerlo y desde que tengo memoria, fue parte de la comisión fomento, era su segundo hogar y fue donde la vi ser feliz. La acompañaba siempre a sus reuniones, y tuve la suerte de conocer la magia de ese lugar en la noche, mirando el cielo estrellado desde su enorme patio. Ese aljibe marca una etapa de mi vida, de mi familia, porque fue la escuela de todos. A veces cuando puedo, entro un rato y recorro sus rincones. Pero siempre que veo una foto, me vuelvo a ver ahí, con mi pelo “corte carré”, mis pantorrillas de tero, mis sapitos de pelo y mi túnica bailando a mi ritmo, jugando a la rayuela o a la mancha, a veces en mi mundo. Y le digo gracias, por haber sido el refugio de esa niña que siempre soñó y aún sueña con los colores de la vida.

Dady

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