Tener un abuelo es contar con un tesoro que ha sabido conservar su corazón a través de los años

Hoy no hablaré de pandemia, ni de las lluvias que han llegado o del fútbol que por lo menos por TV nos atrae casi todos los días.

 Quiero hacer un canto a esos hombres excepcionales, geniales, superdotados, brillantes, fenomenales a quienes llamamos abuelos. Capaces de ser enanos o gigantes, y siempre dispuestos a hacer sonreír a sus nietos, leerles un cuento o contarles la historia de sus vidas ¡miles de veces!.

Ayer, aprovechando el calorcito que interrumpió la llegada del invierno, le vi sentado en un banco de la plaza, con sus más de 80 años, mirando a su alrededor comer a las palomas y pasar sin notarlo a cientos de transeúntes

Desde estas páginas, la más humilde y sencilla y en nombre de todos los nietos del Uruguay que tienen cada 19 de junio  un día oficial del abuelo, me gustaría  tocar sus manos desnudas de tantos sueños que el destino abortó, y descubrir sus corazones, manantiales escondidos de amor, paciencia y generosidad.

Son héroes escondidos, que supieron escribir las historias más bellas en tiempos difíciles forjando el presente que hoy vivimos.

Sus corazones saben en silencio el secreto de los días y las noches. Renunciando a risas y placeres, dejaron regueros de dulzura y amistad. Llenaron sus vidas de cosas pequeñas que hoy riegan sus mañanas y refrescan nuestros atardeceres con cosas grandes.

Quisiéramos sentarnos a su lado a  escuchar contar las mil batallas ganadas adivinando la verdad de un pasado con sabor a buen vino. Nos han enseñado que el ayer es sólo la memoria del hoy y el mañana el ensueño del ahora y así convirtieron el tiempo y el amor indivisible y sin etapas.

Sé que no son torrentes que bajan con fuerzas al río llevando los secretos de la ciudad, sino hilos plateados de agua dulce y cristalina, que siguen fecundando los ángulos y las curvas de la vida de vuestros hijos y nietos antes de evaporarse en la playa en el atardecer de los días.

¡Qué bueno sería que cuando una tarde al sol entibie, al pasar por la plaza, volviera a verle en el banco, con las palomas y con sus hijos y nietos disfrutando del padre o el abuelo!.

 

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