El peso del mito y de la casualidad

Otra vez las dianas, pero no las de Colombes como Omar Odriozola hace referencia en “Uruguayos Campeones”, son esta vez las que recuerdan la hazaña que dejó atónito a todo Brasil la tarde del 16 de julio de 1950 en el gigante de Maracaná.
De ahí en más el uruguayo y la uruguayez se vieron acotados por el mito refulgente de los héroes que elaboraron una victoria, que luego se proyectó en todas las manifestaciones haciéndonos creer superiores en otros terrenos, no solo en él field de fútbol.
Cada año que pasa el mito pesa y lo adaptamos a las circunstancias históricas y a las coyunturas políticas, un mito que nos exorciza de los errores y nos alienta en la búsqueda de otra meta, que desde ese año mágico de 1950, nunca se volvió realidad.
A veces pienso que, sin desmerecer a quienes sudaron la camiseta aquella tarde, capaz que algo de casualidad encierra ese relato, y por eso me parece que si de gloria hablamos, ésta es momentánea y tan efímera que quedaría para el disfrute inmediato por sus protagonistas.
Pero, el tiempo prolonga tanto los dolores como las alegrías y en cada julio renace la conmemoración como un ritual pagano de lo inexplicable.

Por Carlos Fariello

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