El rol del periodista.

Sin duda, todas las emergencias y los desastres son noticia porque afectan a la gente, son novedosas y van aparejadas con historias de personas quienes, desde diferentes ámbitos, tienen algo que contar: rescatistas, víctimas y sus familiares, autoridades, profesionales de la salud, voluntariado, etc.

Es responsabilidad de la prensa informar con una visión de respeto hacia las víctimas y con un carácter noticioso que procure llevar un referente ético y científico con el fin de trascender la sensación de alarma.

Es fundamental que las personas profesionales de la prensa comprendan el impacto psicosocial de un desastre y reflejen un trato respetuoso hacia las personas afectadas.

Quien hace periodismo trabaja con materia delicada: las personas. En efecto, el oficio es delicado y exige medir bien las palabras que se usan, los enfoques y los puntos de vista; el criterio ético primordial debe basarse en el respeto a la integridad y la imagen del otro. No se puede perder de vista que una información distorsionada, equivocada o mal intencionada, puede destruir a terceras personas que carecen de recursos para defenderse. Es imprescindible asumir una actitud deseosa de información, receptiva y hasta humilde sobre esta profesión porque como bien señala un maestro del periodismo, Ryszard Kapuscinski, “en esta profesión la experiencia no se acumula (…) en el periodismo nunca sabemos en realidad qué hacer, cómo actuar, cómo escribir. En cada artículo, cada personaje, cada crónica, siempre estaremos empezando de nuevo, desde cero”, (Kapuscinski: 2003, pág. 18). No se hace ficción, la persona profesional en comunicación trabaja sobre hechos contundentes y reales; por lo tanto, cada texto periodístico depende, como ningún otro, del contexto, de determinada ubicación y del momento.

En los manuales sobre periodismo sobre los que nos hemos formado, se pide que se “evite entrevistar a quien sufre como consecuencia de haber sido damnificado, perdido un familiar o su vivienda. No reproduzca aquellos detalles innecesarios”.

Jamás debemos aprovecharnos  de esa situación para obtener información y armar una historia cargada de dramatismo propia de la ansiedad o la histeria que enfrenta la  o las víctimas.

En las redes sociales, donde suele suceder que alguien en determinada situación emocional publica algo, se comienza a compartir, sin analizar el contenido o parte del mismo. Algo así ha sucedido en las últimas horas sobre la cobertura de la prensa local en el trágico suceso ocurrido sobre el río Yi.

Es en esas redes, donde existe una tendencia a destacar la anécdota y no los datos.

En la inmediatez de la noticia aunque entendamos que los datos no son divertidos o no atraen a tanto público, lo prioritario es informar de lo qué pasa, entender la situación y no las anécdotas. Un buen periodista también ha de salvaguardar los derechos de las víctimas “que muchas veces nos olvidamos y los medios de comunicación especialmente”.

Al informar, por orden de prioridad, primero el hecho y sus consecuencias y después habrá tiempo para hablar de héroes y villanos.

Molestarse o criticar a la prensa local por la ausencia de tal o cual reconocimiento individual, resulta sumamente injusto en un medio donde no es fácil llegar a las fuentes y se debe armar una noticia como si lo hiciéramos con un puzle, pieza a pieza, hasta llegar al hecho en sí que es lo que importa en el origen de la información.

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