En la escuelas rurales comienza el retorno a clases.

El primer lunes de mayo volverían a las aulas los estudiantes de unas 450 escuelas rurales. El regreso está aún en condicional porque resta el aval definitivo del Consejo de Ministros que sesionará mañana miércoles.

En la tarde de ayer, el presidente de la República recibió en su despacho de la Torre Ejecutiva al ministro de Educación, Pablo Da Silveira, y al presidente del Codicen, Robert Silva. Tras el encuentro de poco más de una hora el jefe de la cartera educativa anunció que está “la voluntad del gobierno de avanzar cuanto antes hacia el retorno de la presencialidad (de las clases), que será gradual” y que, por esa propia gradualidad, no se puede asegurar que toda la enseñanza retorne a las aulas en mayo.

Las escuelas rurales de menos de 20 estudiantes y que tienen un único docente serán las primeras en reabrir. Las autoridades educativas priorizarán la vuelta de aquellos centros educativos que ocasionen un menor aumento de la movilidad y que se ubiquen en zonas de menor riesgo epidemiológico. En ese sentido, resta definir qué ocurrirá con las escuelas rurales de Canelones (dado que muchas de ellas quedan cerca de localidades populosas en las que habitan alumnos y docentes).

En una segunda fase -que el Codicen pretende que sea a partir de lunes 10 de mayo- se sumarían el resto de escuelas rurales y la educación inicial a excepción de Montevideo. Los jardines de la capital deberán aguardar a una tercera etapa, la que dará inicio, también, al primer ciclo de Primaria en el interior (primero a tercero de escuela).

Eso sí: la reapertura de las escuelas urbanas será escalonada por contexto socioeconómico del centro educativo. Primero abrirán las de los quintiles más bajos (que incluyen las escuelas Aprender y Tiempo Completo), y luego el resto. Los liceos y UTU todavía no forman parte del calendario tentativo, aunque las autoridades pretenden que cuando llegue el retorno del segundo ciclo escolar, se sumen los primeros años de educación media.

Tres horas antes de la reunión de autoridades en la Torre Ejecutiva, los integrantes del Codicen mantuvieron un encuentro con técnicos del Ministerio de Salud Pública. Allí se dejó en claro que el escenario de transmisión comunitaria es de máximo riesgo y que el retorno de la presencialidad escolar aumentará la movilidad ciudadana (en ese sentido se pidió maximizar el esfuerzo de la comunidad para el cumplimiento de protocolos). Pero también se dejó claro que las consecuencias por fuera del COVID-19 en los niños, en especial en educación inicial, hacían necesaria una vuelta a las aulas “cuanto antes”.

En ese sentido, fue determinante el informe que publicó la semana pasada el Sistema Integral de Protección a la Infancia y a la Adolescencia contra la Violencia (Sipiav): en el último año el Estado atendió, en promedio, 13 casos diarios de maltrato o abuso contra menores de 18 años. De ese total, el 17% eran niños de entre cero y cinco años.

Los científicos que asesoran al gobierno también habían advertido por estas y otras consecuencias. El neuropediatra Gabriel González, quien lidera el equipo pediátrico del GACH, dijo a El País que “las pruebas INDI, que se realizaron con niños de cinco años, permiten concluir que hubo una afectación significativa en el desarrollo cognitivo, motor y del lenguaje”. A eso se les suman “aumento de la depresión y, en particular, de los trastornos de ansiedad que se incrementaron entre un 25% y 30%”.

Fuente: El Pais.

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