Ocio y sociabilidad de otro tiempo.

Café "Rodó".

Por Carlos Fariello

Billares en el Café “Centenario”.

El maridaje entre el café y el billar.

No nos referimos al café, infusión que se prepara con los granos de esa planta, sino al local donde se expende la misma, entre otras bebidas, y donde además se establecen relaciones sociales que hacen a la civilizada vida de una comunidad.

En esos lugares, los cafés, hubo durante décadas un protagonista ineludible, el juego del billar o casín, que congregaba a cualquier hora del día a hombres – los únicos aceptados en esos ambientes – en torno a una mesa plana y revestida por un gran paño de color verde.

Se dice que, en Montevideo, en 1792 el café del francés José Beltrán ya tenía instalado el que sería el primer billar en estas tierras.

Los cafés, según el cronista Isidoro de María, eran puntos de reunión y de tertulias en la ciudad y allí se jugaba a la malilla, al pénche, al billar y al truco.

                    Café “Centenario”.

Los cafés del viejo Durazno, tales como el “Centenario” y el “Londres” (ambos de 1929) poseían cada uno cuatro mesas de billar, y el café “Rodó” (1925) tenía ocho.

Luego, también la Confitería “Petit-París”, también tuvo varias mesas de ese tradicional juego.

El billar es un juego de salón definido como un “deporte de precisión” que se practica impulsando un número determinado de bolas de marfil mediante el empuje que da un taco de madera. Se juega sobre una mesa o tablero de pizarra, de forma rectangular, forrada con un paño verde rodeada por bandas laterales y elásticas también forradas del mismo paño. Fue declarado deporte olímpico en 2004.

Existen varios tipos de juegos de billar, el más difundido por estas latitudes es el francés que se juega don dos bolas blancas y una de color rojo, o bien una amarilla, una blanca y otra roja. La carambola se efectúa cuando se golpea con una bola blanca a la roja y a la otra bola blanco (o amarilla) del otro jugador.

Un juego derivado es el casín o casín-billar donde en el centro de la mesa se colocan cinco quillas que adjudican puntos cuando son derribadas.

Se dice que desde Buenos Aire vino la moda de que los cafés tuvieran varias mesas para el juego de billar, y así era común ver a lo largo y ancho del país, en las ciudades los cafés con billares, y en el interior, juntos almacén y bar y una mesa para este juego.

Hoy, la juventud no se siente atraída como antaño por este tipo de entretenimiento, aun cuando luego llegaron otros como el pool.

Recuerdos de un tiempo donde había que llenar las horas de ocio con café, charla y una mesa de billar.

De la segunda a la cuarta imagen corresponden al Café “Centenario”, y la última al Café “Rodó”.

 

%d bloggers like this: