Felicidad y preocupación entre los venezolanos por el golpe militar de Estados Unidos al régimen de Maduro

Como si fuese el siglo pasado, el intervencionismo militar de Estados Unidos en Latinoamérica ha vuelto a sacudir al mundo este sábado con los bombardeos sobre Venezuela y el secuestro de su presidente, Nicolás Maduro.
La noticia, aireada con tono victorioso por un Donald Trump que ha resucitado la Doctrina Monroe en su patio trasero, está siendo recibida como un soplo de aire fresco por parte de la comunidad venezolana exiliada, que llevaba décadas esperando ansiosa el colapso del régimen erigido hace casi tres décadas por el comandante Hugo Chávez.
«Este es el evento canónico de nuestras vidas», explica Adrián Pastrano, un joven de 25 años que hace cinco años logró escapar del país caribeño. «Estoy muy emocionado. Desde que nací no he podido ver una democracia real en Venezuela», confiesa.
«Es un momento de mucha felicidad para un país que ha sufrido tanto», asegura María. Su nombre ha sido modificado por temor a que el régimen pueda tomar represalias contra su familia, que aún se encuentra en Caracas. «Hay tanta ilusión que mi hermano me ha dicho que quería salir a la calle con un vaso de whisky para celebrar», añade.
Sin embargo, también hay preocupación. «He soñado con este momento durante casi 30 años, pero ahora el sentimiento es agridulce. Me imaginaba una salida pacífica y democrática y ver las calles de tu país incendiadas no es una gran alegría», explica Richard Sánchez, opositor y miembro de la asociación de venezolanos en el exterior.
Aunque la tensión retórica y militar ya presagiaba una escalada, la velocidad de los acontecimientos ha sorprendido a muchos venezolanos. «Ha sido una mañana de locura», resume Catherine. Primero, la noticia de que EEUU había bombardeado bases militares ha sembrado cierto temor. «He tenido mucho miedo por si mi familia podía estar en riesgo», declara María. «Mis padres viven frente a la base aérea de La Carlota y me explican que la detonación ha reventado las ventanas de todos los edificios«, agrega Adrián.
“El clima de terror que se vive en Venezuela se ha visto aliviado por fin», añade el periodista venezolano Omar Pineda.
Ese frenesí ha sido menor en ciertos hogares de Venezuela, donde los medios de comunicación controlados por el régimen «no dicen nada» de lo acontecido.
«Incertidumbre sobre qué pasará»
La ilusión es compartida. Sin embargo, el derrocamiento de Maduro tras 13 años en el poder aboca al país a un escenario de caos e incertidumbre que inquieta a sus ciudadanos. Y es que su Gobierno ha tachado el ataque estadounidense de «ruin y cobarde», ha llamado a la «lucha armada» ante la «agresión imperialista» y ya ha desplegado al ejército y a grupos paramilitares en las calles.
«Maduro es el principal objetivo de EEUU, per saber que algunos de sus jerarcas como [el ministro del Interior] Diosdado Cabello y [el ministro de Defensa y general jefe del Ejército Bolivariano] Vladimir Padrino siguen en Venezuela es lo que genera incertidumbre sobre qué pasará y si habrá o no una transición democrática», argumenta Danna. «Maduro se ha ido, pero el régimen sigue ahí», agrega Sánchez.
El destino soñado tardará en llegar. María lo tiene claro: «Los más de 27 años de dictadura han degradado el país y han generado mucho descontento, así que tardaremos más de dos décadas en reparar todo ese daño».
No dejar solo a Venezuela
La intervención de Estados Unidos en Venezuela es una violación del derecho internacional. Un ataque contra el pueblo venezolano que exige una respuesta inmediata del mundo.
No pueden dejar al pueblo venezolano solo ante la violencia de Trump.
Que el pueblo hermano se merecía dejar de sufrir bajo un gobierno nefasto que no respetó las vías democráticas, es tan claro, tan contundente, que no merecería dos opiniones.
De la misma manera que se debe rechazar que más allá de la detención de Maduro, los EE.UU. no les devuelvan a los venezolanos el poder de decisión de su propio destino, es decir, la democracia plena.