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Encaramadas sobre estrechos palcos, se enfrentaban a un público no siempre muy selecto. Fueron pioneras de una profesión no muy bien vista en las primeras décadas del siglo XX, pero desafiando las convenciones y la maledicencia se impusieron a fuerza de coraje en los cafetines y algunas confiterías. Se las conocía, sencillamente, como “orquestas de señoritas”.
En los años 50, en la Confitería Americana, donde estuvo luego la Catalana, en Durazno, hubo también una formación orquestal integrada por mujeres y dirigida por la pianista Amelia Bertucci.
La citada orquesta de señoritas amenizaba las noches de dicho local actuando en un palco que se ubicaba encima del bar y había recalado en esta ciudad proveniente de la capital.
La cantante de dicha orquesta fue Sombra Fernández, poseedora de una brillante voz. Esta artista luego fue vocalista de la orquesta típica de Alberto Cerviño, por la década de 1950, cambiando su nombre por el de Sombra Deval, grabando con esa orquesta varios registros discográficos y actuando en ambas orillas del Plata.
Carlos Fariello