DIVERSIDAD

Tiene su perfil en Facebook, es sacerdote y suele, todos los domingos de noche, compartir anécdotas y reflexiones que quizás puedan ayudarnos a encarar y aprovechar un poco más nuestra vida…

 

“En este momento tengo al viejo internado, esperando una operación al corazón y a gatas te dejan pasar a verlo (es entendible).

En este tiempo también me ha tocado despedir a personas por Covid, donde ni los propios hijos pudieron participar del entierro… duele en el alma.

Respeto profundamente que cada uno luche por sus ideales y defienda sus derechos. Y creo que la diversidad como tal, es un valor que debemos defender todos. Aceptarnos y valorarnos en nuestras diferencias erradicando todo tipo de discriminación. Pero la marcha de ayer fue tremendamente injusta y también duele en el alma. Hubo cero distancias, cero protocolos, sin tapabocas, cero empatías… ¿Qué costaba hacerla bien? …Dolió.

Quizás es el mismo dolor que muchos guardan, por tanto tiempo de haberse sentido señalados o apartados por la sociedad, la religión o la propia familia. El dolor no conoce de fronteras, partidos políticos ni religiones. Soy Cura y me pueden decir muchas cosas por ello… pero conozco de “dolores del alma”… cuando duele… duele. El punto es que nuestro dolor no nos habilita a lastimar a otros. Creo que la marcha de ayer en Montevideo, generó algo que quizás los integrantes no buscaban: nos hirió a muchos. Tantos artistas aún sin trabajar, deportes sin amigos en las tribunas. Escuelas, maestros y profesores multiplicándose heroicamente para continuar… hospitales y personal de salud dejando todo en la cancha… iglesias, obras sociales, empresas, ollas populares, medios de comunicación, buscando que a nadie le falte lo necesario… todos como sociedad, de mil formas distintas poniendo en práctica la solidaridad al máximo que tanto nos enorgullece. Y de pronto, en una noche tiramos todo por la borda y nos convertimos en los más egoístas… pensando únicamente en nosotros, en nuestros intereses, en nuestra lucha creyéndonos únicos e invencibles y nos olvidamos de que un bichito tamaño virus, nos dio vuelta como una media…. al mundo entero.

Estoy convencido de que más allá de la vacuna… los remedios que nos van a salvar y evitar estos dolores del alma son: la empatía, el respeto y la humildad. Ser capaces de ponernos en el lugar del otro, conociendo y valorando su realidad, sin creerme el centro del universo.

Sólo desde aquí, podremos pelear por una sociedad más justa, solidaria y fraterna… No pretendo señalar a nadie como “los buenos y los malos”. Todos tenemos un poco de cada cosa. Pero no dejo de hacer un llamado a la reflexión. Al final de cuentas… en esta vida todos estamos de paso… vale la pena gastarla en cosas grandes que verdaderamente importen.

Ojalá… cuando nos toque encontrarnos cara a cara con nuestro Creador, podamos decirle que el tiempo de vida que nos regaló, lo pudimos invertir bien en las personas que puso a nuestro lado… buscando dejar todo un poquito mejor de como lo hemos recibido.

Gordo”