{"id":18425,"date":"2020-08-29T21:08:31","date_gmt":"2020-08-30T00:08:31","guid":{"rendered":"http:\/\/duraznohoy.com\/?p=18425"},"modified":"2020-08-29T21:08:31","modified_gmt":"2020-08-30T00:08:31","slug":"cruz-de-laurel","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/duraznohoy.com\/?p=18425","title":{"rendered":"Cruz de laurel."},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: right;\"><b>Un fin de semana con tiempo inestable puede resultar ideal para la lectura. Por eso me permito reproducir el cuento corto con el que gan\u00e1ramos el Primer Premio en el Concurso realizado en el 2019 por la Divisi\u00f3n Cultura de la Intendencia. <\/b><strong>Est\u00e1 basado en un personaje real, que conocimos en nuestra infancia en el barrio \u00abPuerto de los Barriles\u00bb, aunque gran parte de la historia es solo ficci\u00f3n. Agradecemos a Eduardo \u00abRayo\u00bb Ferreira que con su trazo genial nos dibuj\u00f3 la ilustraci\u00f3n de esta narraci\u00f3n.<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Est\u00e1bamos en la esquina de \u201cla bomba\u201d, a donde todos concurr\u00edan con sus baldes para llevar agua para lo que se necesitara en la casa. Con Robertito, Carlos y Ram\u00f3n jug\u00e1bamos a la bolita, donde por lo general no me iba bien, no solo porque ten\u00eda poca punter\u00eda sino porque mi caudal de \u201cmuniciones\u201d era muy peque\u00f1o.<\/p>\n<p>De pronto Ram\u00f3n exclam\u00f3 <strong><em>\u201cAh\u00ed viene la vieja de las cruces!\u201d<\/em><\/strong> y dejamos la partida por la mitad para mirar por Bol\u00edvar hacia el r\u00edo.<\/p>\n<p>Con su pollera larga que barr\u00eda en cada paso la superficie de la calle, con su alta figura y su cara de gitana, se acercaba sin prisa.<\/p>\n<p>Una rama de laurel se sacud\u00eda en su mano y apuntando a un lado y otro, dibujaba cruces en el aire, mientras de sus labios sal\u00edan frases que solo ella entend\u00eda.<\/p>\n<p>Era en el barrio una presencia cotidiana, a la que est\u00e1bamos acostumbrados y sin embargo, para nosotros segu\u00eda siendo una especie de atracci\u00f3n ineludible, con una mezcla de asombro y algo de temor.<\/p>\n<p>Ella parec\u00eda no darse cuenta de nuestra presencia y pasaba sin abandonar su rito, ignorando tambi\u00e9n a los carros que le cruzaban cerca, incluso haciendo alguna maniobra especial de esquive que provocaba la ca\u00edda como de un cerno, de la arena reci\u00e9n sacada de la playa.<\/p>\n<p>Su trayecto siempre era de dos o tres cuadras, hasta que volv\u00eda a su casa en el coraz\u00f3n mismo del Puerto de los Barriles.<\/p>\n<p>Nuestros padres, que nacieron y vivieron siempre en ese barrio, nos contaron que esa mujer hab\u00eda tenido una vida muy diferente.<\/p>\n<p>Fue a la escuela con mucho esfuerzo de sus padres y so\u00f1\u00f3 desde chiquita con ser maestra. Y lo logr\u00f3. Cuentan que sus alumnos la adoraban, porque ten\u00eda una calidez en la forma de hablar, de explicar, y lograba que ir a la escuela fuera un placer.<\/p>\n<p>Fuera del horario docente, se rodeaba de los gurises que viv\u00edan cerca y segu\u00eda as\u00ed haciendo docencia, repasando con ellos las tablas, ayud\u00e1ndolos con deberes o simplemente, ley\u00e9ndoles historias de pr\u00f3ceres y h\u00e9roes.<\/p>\n<p>Cuando sus padres murieron, su casa nunca estuvo vac\u00eda porque siempre se rodeaba de los ni\u00f1os que pasaron a ser su familia.<\/p>\n<p>Hasta que lleg\u00f3 el amor.<\/p>\n<p>Ramiro era un joven fortach\u00f3n que viva junto al r\u00edo. Es m\u00e1s, el Yi era su fuente de ingreso con el que ayudaba a su mam\u00e1, una viejecita de cabeza blanca que hac\u00eda unos panes riqu\u00edsimos en el horno de barro que su marido le construyera poco antes de morir, en la punta misma del rancho de paja y terr\u00f3n, con ventanas que recib\u00edan al sol desde el bulevar.<\/p>\n<p>Ramiro se enamor\u00f3 apenas vio aquella hermosa morocha que lavaba ropa inclinada sobre el agua. Ella entre espuma y arena, se dio cuenta de que el amor tocaba a su puerta y cambi\u00f3 el rubor de sus mejillas por una sonrisa grande y una mirada que hac\u00eda innecesaria la palabra.<\/p>\n<p>Y desde entonces, pasaron a ser uno, y se fueron a vivir juntos.<\/p>\n<p>Ella le acompa\u00f1aba todos los d\u00edas hasta la orilla y no se iba hasta que el bote de Ramiro se perd\u00eda en la curva rumbo a la represa. Y en las tardecitas, cuando \u00e9l volv\u00eda con su carga de le\u00f1a, ella estaba esper\u00e1ndole y le ayudaba en el armado de los atados que despu\u00e9s se vender\u00edan en los boliches del barrio.<\/p>\n<p>\u00c9l le acompa\u00f1aba hasta el final de la correcci\u00f3n de cuadernos, mientras compart\u00edan un mate y saboreaban una rosca de chicharrones que la madre sacaba calentita del horno de su casa cercana.<\/p>\n<p>Fueron a\u00f1os de felicidad compartida hasta que\u2026<\/p>\n<p>Ella se puso nerviosa. Hac\u00eda m\u00e1s de una hora que le esperaba en el puerto y Ramiro no llegaba. El cielo mostraba una tormenta que se ven\u00eda y los nubarrones negros parec\u00edan tambi\u00e9n vaticinar algo.<\/p>\n<p>Un temblor interminable recorri\u00f3 su cuerpo cuando recibi\u00f3 la noticia. El hombre de su vida, su compa\u00f1ero adorado, hab\u00eda perdido la vida entre ramas, piedras y correntada cuando un remolino que la tormenta provocara en el agua, hundi\u00f3 su bote.<\/p>\n<p>Y enloqueci\u00f3, comenz\u00f3 a correr por la arena, se meti\u00f3 en el r\u00edo para ir a su encuentro y solo un arenero que estaba en el lugar pudo evitarlo.<\/p>\n<p>Desde entonces desapareci\u00f3 la maestra para dar paso a \u201cla de las cruces\u201d, y su vida fue solo bendecir al cielo en ofrenda a su amado.<\/p>\n<p>&#8212; \u00a0\u00a0\u00a0&#8212;<\/p>\n<p>Cuenta una leyenda popular, que una tarde cambi\u00f3 el cl\u00e1sico trayecto donde la ve\u00edamos cada d\u00eda y rumbe\u00f3 al r\u00edo.<\/p>\n<p>En la tardecita, cuando el sol apenas alumbraba el paisaje inigualable del monte, su cuerpo qued\u00f3 flotando entre los camalotes, en el mismo lugar donde se hundi\u00f3 el bote de Ramiro.<\/p>\n<p>Cuenta la leyenda que al poco tiempo, entre los sauces, lo coronillas y los pitangueros, naci\u00f3 un laurel.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong><em>Jes\u00fas Correa<\/em><\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp; <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Un fin de semana con tiempo inestable puede resultar ideal para la lectura. 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