{"id":19960,"date":"2020-11-05T10:55:50","date_gmt":"2020-11-05T13:55:50","guid":{"rendered":"http:\/\/duraznohoy.com\/?p=19960"},"modified":"2020-11-05T15:39:04","modified_gmt":"2020-11-05T18:39:04","slug":"nunca-debemos-olvidr-quienes-somos-y-de-donde-venimos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/duraznohoy.com\/?p=19960","title":{"rendered":"Nunca debemos olvidar quienes somos y de donde venimos."},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: right;\"><strong>Latiff era el mendigo m\u00e1s pobre de la aldea. Cada noche dorm\u00eda en zagu\u00e1n de una casa distinta, frente a la plaza del pueblo. Cada d\u00eda ten\u00eda un breve descanso bajo un \u00e1rbol distinto, con mano extendida y perdido en sus pensamientos.<\/strong><\/p>\n<p>Cada noche com\u00eda de las limosnas o las migajas que alguna persona caritativa le tra\u00eda. Sin embargo, a pesar de su aspecto y la manera en que pasaba sus d\u00edas, Latiff era considerado por todos como el hombre m\u00e1s sabio del pueblo, no tanto por su inteligencia, sino por lo que hab\u00eda vivido.<\/p>\n<p>Una soleada ma\u00f1ana el rey apareci\u00f3 en la plaza, rodeado por sus guardias, caminando entre los frutos sin buscar nada en especial. Riendo ante los mercaderes y compradores, el rey y su s\u00e9quito tropezaron con Latiff, quien dormitaba a la sombra de un roble.<\/p>\n<p>Alguien le dijo al rey que estaba frente al m\u00e1s pobre de sus s\u00fabditos, pero tambi\u00e9n ante uno de los hombres m\u00e1s respetados debido a su conocimiento.<\/p>\n<p>El rey, divertido, se acerc\u00f3 al mendigo y le dijo: <strong><em>\u00abSi puedes contestar mi pregunta, te dare esta moneda de oro\u00bb<\/em><\/strong>. Latiff la mir\u00f3 y casi con desprecio le contest\u00f3: <em><strong>\u00abUsted puede quedarse con su moneda, \u00bfqu\u00e9 har\u00eda con ella de todas maneras? \u00bfCu\u00e1l es su pregunta?\u00bb<\/strong><\/em><\/p>\n<p>El rey se sinti\u00f3 desafiado por la respuesta y en vez de una pregunta banal, le hizo una que le estaba molestando por d\u00edas y que no pod\u00eda resolver; un problema de bienes y recursos que los analistas no hab\u00edan podido solucionarle.<\/p>\n<p>La respuesta de Latiff fue sabia y creativa. El rey se sorprendi\u00f3; dej\u00f3 la moneda a los pies del mendigo y continu\u00f3 con su camino al mercado, reflexionando sobre lo ocurrido. Al d\u00eda siguiente regres\u00f3 directamente a donde descansaba Latiff; esta vez bajo un olivo.<\/p>\n<p>Otra vez el rey le plante\u00f3 una pregunta y nuevamente Latiff la contest\u00f3 r\u00e1pida y sabiamente. El rey volvi\u00f3 a sorprenderse ante tanta inteligencia. En un acto de humildad, se sac\u00f3 sus sandalias y se sent\u00f3 enfrente de Latiff.<\/p>\n<p><em><strong>\u00abLatiff, te necesito\u00bb,<\/strong><\/em> dijo el rey. \u00ab<em><strong>Estoy abrumado por las decisiones que un rey tiene que tomar. No quiero lastimar a mi pueblo y tampoco quiero ser un rey malo. Te pido que vengas al palacio y seas mi consejero. No temas; te prometo que ser\u00e1s respetado y que podr\u00e1s irte cuando quieras. por favor\u00bb.<\/strong><\/em><\/p>\n<p>Ya sea por compasi\u00f3n, por servir o por la sorpresa, Latiff, tras pensarlo un poco, acept\u00f3 la propuesta del rey. Esa misma noche Latiff lleg\u00f3 al palacio donde inmediatamente le asignaron un lujoso cuarto. El cuarto estaba cerca al del rey y ten\u00eda una tina llena de esencias y agua tibia esper\u00e1ndole.<\/p>\n<p>Durante las siguientes semanas las consultas con el rey se tornaron habituales. Cada d\u00eda en la ma\u00f1ana y en la tarde, el monarca consultaba a su nuevo consejero sobre problemas de su reino, de su propia vida o de sus dudas espirituales. Latiff siempre contestaba con claridad y precisi\u00f3n y se convirti\u00f3 en el vocero favorito del rey.<\/p>\n<p>Tres meses tras su arribo, no hab\u00eda decisi\u00f3n que el monarca tomase sin consultar primero a su apreciado consejero. Obviamente esto desat\u00f3 el celo del resto de los consejeros. Ve\u00edan en el mendigo una amenaza a su propia influencia. Un d\u00eda, todos los consejeros pidieron una audiencia privada con el rey. Muy cautelosos y con gravedad le dijeron: <em><strong>\u00abSu amigo Latiff est\u00e1 conspirando para destronarlo\u00bb<\/strong><\/em>.\u00a0El rey dijo: <em><strong>\u00abNo puedo creerlo\u00bb. \u00abPuede confirmarlo con sus propios ojos\u00bb<\/strong><\/em>, le dijeron. <em><strong>\u00abCada tarde, como a las cinco, Latiff se escabulle del palacio hacia el ala izquierda y entra en un cuarto oscuro. Se re\u00fane con alguien en secreto, aunque no sabemos con qui\u00e9n. Le hemos preguntado d\u00f3nde va todas esas tardes pero nos da respuestas evasivas.\u00a0Su actitud nos alert\u00f3 con respecto a la conspiraci\u00f3n\u00bb.<\/strong><\/em><\/p>\n<p>El rey se sinti\u00f3 defraudado y lastimado. Ten\u00eda que confirmar este informe. Esa tarde como a las cinco, esper\u00f3 a Latiff bajo las escaleras. Vio a Latiff llegar a la puerta y mirar a su alrededor, con una llave colgando de su cuello. Abri\u00f3 la puerta de Madera y se escabull\u00f3 secretamente en la habitaci\u00f3n. <em><strong>\u00ab\u00bfLo vio?\u00bb<\/strong><\/em> los otros consejeros le gritaron. <em><strong>\u00ab\u00bfLo vio?\u00bb<\/strong><\/em><\/p>\n<p>Seguido por su guardia personal, el monarca toc\u00f3 a la puerta.<em><strong> \u00ab\u00bfQui\u00e9n es?\u00bb<\/strong><\/em> pregunt\u00f3 Latiff desde dentro. <em><strong>\u00abSoy el rey\u00bb, contest\u00f3, \u00ab\u00e1breme la puerta\u00bb<\/strong><\/em>. Latiff abri\u00f3 la puerta. No hab\u00eda nadie dentro, excepto Latiff. No hab\u00eda otras puertas o ventanas, no hab\u00eda accesos secretos o moblaje alguno en que alguien pudiese ocultarse.<\/p>\n<p>Dentro de la habitaci\u00f3n solo hab\u00eda una plato desgastado de madera; en una esquina, un bast\u00f3n y en el centro del cuarto, una tunica ra\u00edda colgando de un gancho en el techo.<em><strong> \u00ab\u00bfEst\u00e1s conspirando contra m\u00ed, Ltiff?\u00bb<\/strong> <\/em>pregunt\u00f3 el rey.<\/p>\n<p><em><strong>\u00ab\u00bfC\u00f3mo podr\u00eda, su Majestad?\u00bb<\/strong><\/em> contest\u00f3 Latiff. <em><strong>\u00abDe ninguna manera. \u00bfPor qu\u00e9 lo har\u00eda? Hace tan solo seis meses, cuando llegu\u00e9, lo \u00fanico que ten\u00eda era esta t\u00fanica, este plato y este bast\u00f3n. Ahora me siento tan c\u00f3modo en la ropa que visto y con la cama en que duermo, me siento tan honrado por el respeto que me brinda y tan fascinado por el poder que me ha concedido. de estar cerca de Ud. que cada d\u00eda vengo aqu\u00ed para tocar esta vieja t\u00fanica para asegurarme que recuerde. qui\u00e9n soy y de d\u00f3nde vengo.\u00bb<\/strong><\/em><\/p>\n<h3>Muy cierto. Nunca debemos olvidar qui\u00e9nes somos y de d\u00f3nde venimos. La vida da vueltas y bien pudi\u00e9ramos regresar al mismo lugar.<\/h3>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Latiff era el mendigo m\u00e1s pobre de la aldea. 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