{"id":30491,"date":"2022-03-19T10:12:24","date_gmt":"2022-03-19T13:12:24","guid":{"rendered":"http:\/\/duraznohoy.com\/?p=30491"},"modified":"2022-03-19T10:12:24","modified_gmt":"2022-03-19T13:12:24","slug":"jose-pedro-varela-en-durazno-queremos-poner-hombres-ilustrados-al-servicio-de-los-habitantes-infelices-de-nuestra-campana","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/duraznohoy.com\/?p=30491","title":{"rendered":"Jos\u00e9 Pedro Varela en Durazno: \u00abQueremos poner hombres ilustrados al servicio de los habitantes infelices de nuestra campa\u00f1a.\u00bb"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: right;\"><strong>Jos\u00e9 Pedro Varela naci\u00f3 en Montevideo el 19 de marzo 1845. Era hijo de una familia dedicada al comercio, que promov\u00eda mucho la lectura y la reflexi\u00f3n. <\/strong><strong>A partir de 1868 fue uno de los principales promotores de la reforma escolar en Uruguay. En 1877, su obra La legislaci\u00f3n escolar sirvi\u00f3 de base para la reforma promovida por el militarismo.<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Cuenta la historia que los romanos cuidaban en sus casas un fuego permanentemente encendido, al que consideraban protector del hogar.<\/p>\n<p>Reunida la familia entera junto al fuego sagrado, se sent\u00eda fortalecida por el apoyo de todos los antepasados a quienes sab\u00eda presentes en la llama siempre viva.<\/p>\n<p>Nosotros evocamos hoy, como una gran familia, a un antepasado notable: Jos\u00e9 Pedro Varela.<\/p>\n<p>Su rostro sereno y enjuto, enmarcado por rizada barba, es conocido de todos, pero no tan conocida es su vida heroica y la justeza y patriotismo de sus ideas defendidas con pasi\u00f3n, perseverancia y sacrificio, hasta la muerte.<\/p>\n<p>Cuando decimos vida heroica no faltar\u00e1 el que se pregunte \u00bfc\u00f3mo puede ser un h\u00e9roe, Varela, si no intervino en batallas ni aparece esgrimiendo espada y fusil?<\/p>\n<p>Es que, los verdaderos h\u00e9roes no son siempre lo que salen vencedores en combates sangrientos.<\/p>\n<p>Un sabio franc\u00e9s, Teilhard de Chardin, dec\u00eda que llegar\u00e1 un d\u00eda en que los hombres se dejen de matar unos a otros y re\u00fanan todas sus riquezas y todo su coraje para aplastar a los enemigos del g\u00e9nero humano: el hambre, la enfermedad, la ignorancia.<\/p>\n<p>Ser\u00e1n los h\u00e9roes del futuro, h\u00e9roes c\u00edvicos, m\u00e1s grandes y abnegados que los h\u00e9roes guerreros tan ensalzados hoy.<\/p>\n<p>Seleccionamos para evocar brevemente a este h\u00e9roe c\u00edvico parte del discurso que pronunci\u00f3 en Durazno, en el a\u00f1o 1878, en oportunidad de clausurar el Primer Congreso de Inspectores.<\/p>\n<p>Son otras las circunstancias, otros los tiempos que corren, ciertamente, pero \u00a1cu\u00e1nta vigencia encierra lo medular de estas palabras!<\/p>\n<p><em><strong>\u201cHace pocos d\u00edas, cuando llegamos al Durazno a pedirle hospitalidad para la Conferencia de Inspectores tuvimos ocasi\u00f3n de dirigir a este p\u00fablico algunas palabras para hacerle conocer los prop\u00f3sitos que nos hab\u00edan guiado al venir a reunirnos en esta ciudad.<\/strong><\/em><\/p>\n<p><em><strong>No he querido volver a Montevideo sin despedirme p\u00fablicamente de la sociedad del Durazno. Durante ocho d\u00edas, diez horas consecutivas, han estado reunidos hombres venidos de todos los \u00e1mbitos de la Rep\u00fablica para estudiar diversas cuestiones que se relacionan con la mejora de la ense\u00f1anza. Cada uno ha tra\u00eddo su concurso de experiencia.<\/strong><\/em><\/p>\n<p><em><strong>El punto de mira principal ha sido la campa\u00f1a. Queremos poner hombres ilustrados al servicio de los habitantes infelices de nuestra campa\u00f1a. En nuestra \u00e9poca, la mayor desgracia es la ignorancia. La ignorancia trae consigo la pobreza, la incapacidad.<\/strong><\/em><\/p>\n<p><em><strong>Nuestra vida pol\u00edtica y social ha sido hasta ahora d\u00e9bil, enfermiza, an\u00e1rquica, llena de l\u00e1grimas y sangre. No ha sido posible establecer las instituciones republicanas porque la Rep\u00fablica exige la educaci\u00f3n de sus ciudadanos y la democracia les exige la conciencia de sus actos.<\/strong><\/em><\/p>\n<p><em><strong>Creo no estar enga\u00f1ado si digo que se ha considerado la difusi\u00f3n de la ense\u00f1anza p\u00fablica en campa\u00f1a como problema insoluble. Nosotros hemos cre\u00eddo encontrar los medios de resolver ese arduo problema. En lugar de esperar que los ni\u00f1os de la campa\u00f1a vayan a la escuela, el maestro ir\u00e1 hacia los ni\u00f1os: en lugar de esperar que las familias manden los ni\u00f1os a la escuela, el maestro, como misionero, ha de llevar la ense\u00f1anza all\u00ed donde se encuentre el ignorante que es necesario civilizar\u2026\u00bb<\/strong><\/em><\/p>\n<p><em><strong>El pensamiento de educar al ignorante y difundir la ense\u00f1anza encuentra eco simp\u00e1tico, favorable acogida, en casi todos los habitantes de la Rep\u00fablica\u2026<\/strong><\/em><\/p>\n<p><em><strong>Yo, por mi parte, no me siento ni conmovido ni contrariado ni desalentado cuando creo que mi personalidad puede estar comprometida, puede ser agredida, si se acoge bien la idea que me anima. A m\u00ed no me importa que vaya a caer vencido si las ideas que me cabe el honor de sostener salen triunfantes.<\/strong><\/em><\/p>\n<p><em><strong>Lo que busco no es el predominio de una individualidad, sino el triunfo de mi pa\u00eds en la conquista de ese grande ideal de educar bien al pueblo que nos ha de gobernar ma\u00f1ana. Lo persigo como aspiraci\u00f3n para mis hijos, para la sociedad en que vivo, porque tengo el profundo, el inquebrantable convencimiento de que hemos de vivir en permanente desgracia, en permanente anarqu\u00eda, mientras en todos los esp\u00edritus orientales no brille radiante la luz de la educaci\u00f3n, mientras las inteligencias no hayan salido del abismo de la ignorancia, mientras cada ciudadano no tenga conciencia de sus deberes\u201d\u2026..<\/strong><\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Jos\u00e9 Pedro Varela naci\u00f3 en Montevideo el 19 de marzo 1845. 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