{"id":48588,"date":"2025-01-01T13:28:07","date_gmt":"2025-01-01T16:28:07","guid":{"rendered":"https:\/\/duraznohoy.com\/?p=48588"},"modified":"2025-01-01T13:28:07","modified_gmt":"2025-01-01T16:28:07","slug":"el-mate-de-dona-rosa","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/duraznohoy.com\/?p=48588","title":{"rendered":"El mate de Do\u00f1a Rosa"},"content":{"rendered":"<p><strong>Cualquiera podr\u00eda haber pensado que un tanque del regimiento ven\u00eda subiendo por la calle Arrospide.<\/strong><\/p>\n<p>Nosotros en cambio, conoc\u00edamos ese ruido met\u00e1lico sobre el asfalto algo resquebrajado. Era Ricardo, con sus dos piernas afirmadas en el eje delantero movible de su kart artesanal, un carrito fabricado con maderas, cuatro rulemanes, clavos, bulones y una cuerda para controlar\u00a0el eje de la parte delantera, donde se colocaban dos de los rulemanes m\u00e1s peque\u00f1os. Sus manos se mov\u00edan como un rel\u00e1mpago, como remando sobre un r\u00edo, sin importarle alguna piedrita que encontraba en el camino.<\/p>\n<p>As\u00ed pasaba gran parte de la tarde. Se preparaba en la esquina m\u00e1s alta y desde all\u00ed se largaba en alocada carrera hasta pasar la vieja Bol\u00edvar.<\/p>\n<p>Sonre\u00eda en todo su recorrido y para nada le preocupaba que alguna vecina le rezongara porque \u201cno la dejaba sestear\u201d.<\/p>\n<p>\u00c9ramos amigos desde la ni\u00f1ez, crecimos juntos y adem\u00e1s, ambos est\u00e1bamos enamorados a pesar de tener apenas 12 a\u00f1os, de Esthercita, una hermosa muchachita rubia, de ojos celestes que viv\u00eda una cuadra hacia el centro. Cuando ella pasaba frente a nosotros, levantaba su mano y nos saludaba, pero yo estaba convencido que, al hacerlo, solo me miraba a m\u00ed. Y en esa parte rom\u00e1ntica de nuestra historia en com\u00fan, yo le llevaba ventajas porque con la rubia \u00e9ramos compa\u00f1eros en el liceo y nos ve\u00edamos y charl\u00e1bamos pr\u00e1cticamente todos los d\u00edas o le acompa\u00f1aba de regreso a nuestros hogares ayud\u00e1ndola a llevar su bicicleta mientras camin\u00e1bamos.<\/p>\n<p>Con el tiempo, la esquina de \u201cla largada\u201d pas\u00f3 a llamarse para muchos, la esquina del \u201cloco\u201d.<\/p>\n<p>Pero ese loco, ten\u00eda posibilidades de tener \u201cuna m\u00e1quina\u201d de esa importancia. Parte del material lo obten\u00eda con su padre herrero y su hermano carpintero y los rulemanes los mangueaba en un taller mec\u00e1nico cercano.<\/p>\n<p>Supe tener envidia de Ricardo. Lo admiraba con su pinta de Fittipaldi a toda la velocidad pasando por la puerta de mi casa. \u00bfUn d\u00eda le dije <strong><em>\u201cMe haces uno?\u201d<\/em><\/strong> y a la semana, son\u00f3 la mano de bronce del llamador de mi puerta y me trajo el a\u00f1orado regalo. Desde entonces, su pista tambi\u00e9n era la m\u00eda, aunque era un chamb\u00f3n para dominar mi kart y varias veces termin\u00e9 arriba de la vereda.<\/p>\n<p>Es que, por entonces, se complicaba rodar sobre el adoquinado. Para tomar envi\u00f3n, eleg\u00edamos la parte de la calle que hab\u00eda sufrido alg\u00fan desgaste, pegada al cord\u00f3n de la vereda. Le dec\u00edamos \u00ablo liso\u00bb. A lo liso lo eleg\u00edamos para el karting y en la hora de la siesta se convert\u00eda en nuestro territorio.<\/p>\n<p>Do\u00f1a Rosa que viv\u00eda en una de las \u00faltimas casas de la cuadra, antes del atardecer, aprovechaba el \u00faltimo calorcito del sol, para sentarse en el umbral de su puerta, a tomar mate y sentir al Rey en su cara.<\/p>\n<p>Aquella tarde Ricardo no vino a corretear conmigo y decid\u00ed hacerlo solo, lo que resultaba menos competitivo e ingrato.<\/p>\n<p>Era una hermosa tarde de oto\u00f1o y Do\u00f1a Rosa hab\u00eda dejado entre sus manos un mate a medio terminar y con los ojos cerrados parec\u00eda agradecer esa tibieza que llegaba desde el cielo.<\/p>\n<p>En mi tercer periplo perd\u00ed el dominio de mi carro &#8211; a\u00fan no s\u00e9 cu\u00e1l fue la causa &#8211; y me fui sin control hacia la vereda de la vecina. Los rulemanes delanteros chocaron contra el cord\u00f3n y al subir el resto, los de atr\u00e1s pisaron los dedos de los pies de do\u00f1a Rosa sin darle tiempo a ninguna defensa.<\/p>\n<p>Y fue precisamente a sus pies que ca\u00ed afirmando la rodilla que comenz\u00f3 a sangrar y mi cara era una mezcla de dolor, de susto y de verg\u00fcenza.<\/p>\n<p>Mir\u00e9 a do\u00f1a Rosa esperando recibir un rezongo merecido, pero solo me dijo <strong><em>\u00ab\u00bfA d\u00f3nde vas tan r\u00e1pido nene?\u00bb <\/em><\/strong>y largu\u00e9 el llanto.<\/p>\n<p>Ella me tom\u00f3 de la mano y mir\u00e1ndome a los ojos sigui\u00f3: <strong><em>\u00abAnd\u00e1, no dejes de volar, pero f\u00edjate que siempre puede haber un par de pies por ah\u00ed. Alas y pies son necesarios para volar bien\u00bb.<\/em><\/strong><\/p>\n<p>Y me fui r\u00e1pido a mi casa, donde me lav\u00e9 la rodilla y despu\u00e9s me puse un pantal\u00f3n largo para que mam\u00e1 cuando volviera del trabajo, no me descubriera.<\/p>\n<p>Guard\u00e9 mi kart en el galp\u00f3n por varios d\u00edas, como si \u00e9l tambi\u00e9n tuviera culpa de lo que hab\u00eda sucedido.<\/p>\n<p>Cuando pas\u00e9 una ma\u00f1ana hacia el almac\u00e9n de la esquina, Do\u00f1a Rosa estaba sentada en el mismo lugar, mateando bajo el sol.<\/p>\n<p>Ella me estaba mirando, como si me esperara. Creo que le ped\u00ed disculpas, creo que me sonroj\u00e9, creo que temblaba. <strong><em>\u00ab\u00bfQuer\u00e9s un mate?\u00bb,<\/em><\/strong> me dijo. Asent\u00ed con la cabeza.<\/p>\n<p>El mate era amargo, era la primera vez que lo tomaba as\u00ed. En casa, por costumbre que viene de mis abuelos, tom\u00e1bamos mate dulce y a m\u00ed, cuanto m\u00e1s dulce, m\u00e1s me gustaba.<\/p>\n<p>Debo haber puesto una cara de terror, porque Do\u00f1a Rosa larg\u00f3 una carcajada.<\/p>\n<p><strong><em>\u00abBotija, ya te vas a acostumbrar. El az\u00facar esconde el sabor del mate, como la velocidad esconde el camino. El mate amargo es la mejor compa\u00f1\u00eda para descansar\u00bb.<\/em><\/strong><\/p>\n<p>Creo que le di las gracias y me fui, con un sabor amargo y dulce en la boca. Cuando me encontr\u00e9 con Ricardo nada le coment\u00e9 de mi \u00faltima carrera.<\/p>\n<p>Los d\u00edas siguientes segu\u00ed corriendo a toda velocidad en mi carro de rulemanes.<\/p>\n<p>El aprendizaje fue m\u00e1s lento que el de una ca\u00edda.<\/p>\n<p>El d\u00eda de mi cumplea\u00f1os tocaron a la puerta. Cuando abr\u00ed, de un cami\u00f3n fletero bajaban una bicicleta que me la entregaron con un sobre a mi nombre. Con ansiedad e intriga le abr\u00ed y le\u00ed: <strong><em>\u201cPara que ampl\u00edes el horizonte. Ahora podr\u00e1s ir lejos, tan lejos como para comprender que la ciudad tiene l\u00edmites. Pero anda despacio, si quieres llegar lejos y, sobre todo, no pierdas las ganas de andar. <\/em><\/strong><strong><em>Rosa\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n<p>Desde entonces, guard\u00e9 para siempre mi kart de madera y fue la bici que me regal\u00f3 Do\u00f1a Rosa, compa\u00f1era de todas mis \u201caventuras\u201d, incluso saliendo a pasear en forma cada vez m\u00e1s asidua con Esthercita.<\/p>\n<p>Han pasado m\u00e1s de 40 a\u00f1os. Conservo a\u00fan mi primera bicicleta como tambi\u00e9n la conserva ella.<\/p>\n<p>Los domingos por la tarde, cuando el sol invita a disfrutarlo, Esthercita y yo salimos a bicicletear por las avenidas Churchill y Aldama, como cuando \u00e9ramos estudiantes. Pero ahora con una diferencia: Luis y Estelita nos acompa\u00f1an.<\/p>\n<p>Nuestros nietos.<\/p>\n<p>J.C.C<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cualquiera podr\u00eda haber pensado que un tanque del regimiento ven\u00eda subiendo por la calle Arrospide&#8230;.<\/p>\n","protected":false},"author":2,"featured_media":48589,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"{title}\n\n{excerpt}\n\n{url}","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"fullscreen","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2},"_wpas_customize_per_network":false},"categories":[100],"tags":[],"class_list":["post-48588","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-cuentos-e-historias"],"jetpack_publicize_connections":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/duraznohoy.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/48588","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/duraznohoy.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/duraznohoy.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/duraznohoy.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/2"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/duraznohoy.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=48588"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/duraznohoy.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/48588\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/duraznohoy.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/48589"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/duraznohoy.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=48588"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/duraznohoy.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=48588"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/duraznohoy.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=48588"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}