Interesante charla sobre Inteligencia Artificial y las emociones humanas.
Ayer viernes 14 de noviembre en Sala Lavalleja el Psicólogo Roberto Balaguer, brindó una charla sobre la Inteligencia Artificial (IA) y las emociones humanas.
Sobre el punto señaló que “básicamente puede enseñarnos todos los desarrollos que hoy hay en inteligencia artificial y en robótica social, que lo que tratan de hacer es entrañar la emocionalidad humana, ¿cuáles son las cuestiones que a los humanos nos tocan, para poder ponerlo dentro del sistema, de los algoritmos, y eso termina dándonos pauta de cómo podríamos ser mejores humanos; lo cual termina siendo una paradoja, porque nos enseñan cosas desde la matemática, desde la computación, que terminan pudiendo mejorar nuestro vínculo con los humanos, que en definitiva nos plantea una interrogante; podemos hacer eso con las máquinas o podemos intentar ser mejores humanos para que las máquinas no terminen superándonos?”.
Balaguer, habló luego los niveles de comparación del alcance que tiene la inteligencia artificial con la capacidad o la inteligencia humana, al comentar que “es una carrera vertiginosa”, “para algunos es similar a Internet, para otros es similar, digamos, al descubrimiento del fuego, es decir, estamos hablando de la posibilidad de tener todo un mundo creado que empiece a interactuar y en el cual podamos llegar a ser realmente prescindibles. Por lo cual, primero, hay que pensarlo, hay que legislar y hay que pensarlo, porque cuando se llegue a ese momento que yo hablaba en la charla de la singularidad, donde las máquinas sean más inteligentes que los humanos, no hay vuelta atrás. Si no previmos eso, si no generamos un sistema de resguardo, la podemos llegar a tener complicada”.
El profesional alertó que la inteligencia humana aplicada a la I.A. puede ser la destrucción de la propia inteligencia humana, “lo que sería una paradoja. La inteligencia humana creando a alguien que puede llegar a desalojarnos de ese sitial de privilegio. Esa es la gran paradoja, que si no tenemos cuidado y si no nos cuidamos entre nosotros y estamos en una carrera vertiginosa solamente de mejorar y de progresar y de generar dividendos, puede resultar paradojalmente el invento que mató al inventor”.