Hace sonar su armónica con mucha historia.

De niño me gustaba pararme y contemplar la estela de chispas luminosas al contacto del hierro o el acero con la piedra redonda que daba vueltas.
Admiraba la destreza del afilador.
En la mañana dominguera, sentí el silbato inconfundible, un silbido agudo pero melodioso que reverberó por las calles de mi barrio.
Y lo detuve un momento para fotografiarle y hacerle algunas preguntas, porque me trae recuerdos de mi infancia, cuando me quedaba silencioso admirando su manera de hacer.
“Me llamo Oscar y soy argentino – nos aclaró, aunque su camiseta de Boca era un indicio de su procedencia.
Una vecina le pide que le afile unos cuchillos y surgen nuevas fotos.
Son muchos los oficios desaparecidos o que están a punto de desaparecer. Tiempos pasados que recordamos con nostalgia.
Mirad cómo llega
girando la rueda
el afilador.
Andando en el filo
recorre caminos
el afilador.
Llama en los balcones
el reclamo en sones
del afilador.
Cuchillo y tijeras
mordiendo la piedra
del afilador.
El silbo sonoro
va diciendo adiós,
chispea la estela
del afilador.