GACH

No hay nada peor en la vida que ser malagradecido porque la ingratitud convierte a las personas en seres que con el tiempo se van quedando solas y es que generalmente ese mal es propio de individuos a los que se les ocurrió que lo merecen todo.

Gracias por tanto!

Las frases de “Genocidas” escritas con letras gigantescas en grafitis sobre las paredes del Auditorio del SODRE y gritos de igual tenor hacia los integrantes del GACH homenajeados en la noche de este jueves, resulta irritante, lamentable, descalificador y muestra la pobreza humana de sus autores.

Quiero creer que se trata de personas acomplejadas que creen que dar las gracias es rebajarse y creen que la mayor parte del tiempo lo que reciben les corresponde por naturaleza.

Independientemente de los colores políticos, ¿quién puede dudar de la importancia y generosidad en la entrega de decenas de científicos de distintas áreas, que desinteresadamente prestaron un servicio al país en una circunstancia de epidemia mundial?

Encabezados por el Dr. Gustavo Salles, estas personas asumen sin ningún tipo de empacho que las vacunas matan y no salvan vidas, aunque en Uruguay y el mundo se esté demostrando lo contrario.

Actúan insatisfechos e inconformes por todo y por eso son rocas gigantescamente pesadas con las que el ser humano se encuentra en el andar de la vida y son esos que pasan a tu lado y hasta conviven con uno haciendo de todo y sin hacer nada, ni siquiera por ellas mismas ni y menos por nadie.

Hay tantos tipos de personas en el mundo, tan diferentes, tan semejantes, qué, si nos detenemos a observarlas nos daremos cuenta de tantas cosas, que nos amargaríamos durante la vida entera y nos aferraríamos a la idea de morir de un trancazo y alejarnos de todo este sufrimiento, de esta cruel existencia, si tomamos a pecho la infamia de tantos mal agradecidos.

En mi vida he conocido a muchas personas que te quitan y te ponen, que te suman y te restan y me he dicho tantas veces a mí mismo que, es mucho mejor tener un solo buen amigo, que cientos de mal agradecidos que como zopilotes te circundan abundantemente solo para después caerte encima y devorarte cuando ya no les sirves.

Lo que se vivió en la tardecita de hoy en Montevideo, aunque nuestro comentario resulte insignificante para muchos, es condenable desde todo punto de vista.

Ha sido un comportamiento de los más irritantes y abominables. No hay nada más asqueroso que una persona mal agradecida, nada más detestable de herir gratuitamente a científicos que han dado todo por nosotros.

Miguel Cervantes y Saavedra nos brinda una gran opinión sobre la ingratitud, ofreciéndola como un comentario a Sancho Pansa, refiriendo: “Entre los pecados mayores que hombres cometen, algunos dicen es la soberbia, yo digo que es el desagradecimiento, atendiéndose a lo que suele decir que, “de los desagradecidos está lleno el infierno». (Don Quijote, Vol L VIII).