Quédate con todo lo que aportó esa persona a tu vida.

El día 2 de noviembre es un día de recuerdos. Recuerdos del pasado, de las personas queridas que ya no están con nosotros. Es el día de la pérdida y toda pérdida lleva un duelo.
Cuando recordamos a nuestros seres queridos fallecidos nos centramos en el pasado y pensar en el pasado es símbolo de nostalgia y tristeza. Añoramos lo que hemos perdido y la idea de que no tenga vuelta atrás es difícil de encajar.
Hoy es un día de recuerdos, pero no tienen que estar centrados en “lo que se ha ido y nos falta” sino en las enseñanzas y las experiencias que compartimos con esa persona, las veces que reímos juntos. Aprende a disfrutar de la persona fallecida. Recordar aviva los sentimientos y emociones y podemos llegar a experimentar emociones idénticas a las vividas en la situación real. Así que trata de echar leña para que los recuerdos sean entrañables, incluso graciosos, en lugar de tristes.
Piensa en cómo le gustaría a tu ser querido que estuvieras pasando el día hoy, y trata de “complacerle”.
Las personas a las que amamos nos desean el bien y quieren que seamos felices. Sufrir por el que no está es una conducta normal, pero seguro que no es lo que la persona fallecida hubiera elegido para ti. Querría que estuvieras viviendo una vida serena, aprovechando los momentos pequeños de la vida y que siguieras disfrutando de todo. Trata de complacer a quien ya no está siguiendo el estilo de vida que hubiera deseado esa persona para ti. Es una forma de estar en contacto y en paz con esa persona.
La persona deja de estar físicamente presente, pero no tienes por qué olvidarla. A muchas personas les consuela seguir en contacto con su pareja, sus hijos, amigos, un familiar muy querido después de la muerte. Hablar con la persona, pedirle ayuda, recordar son conductas normales y saludables, siempre que te hagan sentir bien.
En este día de los difuntos, recuerda que tienes la capacidad para elegir en qué centrar tu atención, si en la pérdida o en todo lo positivo que esa persona te dejó.
- Extractado de la psicóloga Patricia Ramírez