carruaje
Hoy, cuando te encontré, se me vinieron encima los recuerdos más bellos, esos que duermen agazapados en el alma y despiertan apenas uno los roza.
Te vi allí, quietita, adentro del establo, cubierta de polvo y rodeada de cosas viejas. Y sentí que no solo cargabas maderas y objetos: cargabas años, cargabas historias… cargabas fantasmas ya amarillentos por el paso de la vida.
Cuántas veces nos llevaste y nos trajiste por esos caminos polvorientos del campo, bajo soles duros o tardes frescas con olor a alfalfa y cielo abierto.
Cuántas alegrías nos trajiste del almacén de ramos generales, ese que atendía don Natalio Subeldía con su delantal blanco y su voz pausada. Todo era fiesta cuando papá cobraba su sueldo en las oficinas de la desmotadora, allá en el pueblo.
Apenas los veía volver, salía corriendo a buscar en los bultos mi tesoro esperado:
la lata redonda de dulce de batata, brillante como el sol de la siesta;
la horma de queso mantecoso, de esas que venían envueltas en papel manteca y con un polvito de maicena encima… ¡y ese aroma a rico que llenaba la cocina!
Y el cajón de botellas, ¡cómo olvidarlo! Doce de Naranjina Crush y doce de Bidú Cola… frescas, dulces, con ese sabor que hoy solo vive en los recuerdos.
Y ni hablar de aquellos domingos en que, con la volanta llena, partíamos todos juntos a lo de los abuelos. Íbamos apretaditos, entre risas, panes caseros, gallinas sueltas, y el aire tibio que entraba por los costados.
Hoy te encontré así, cargada de cosas viejas, pero también de recuerdos tan vivos, tan nuestros, tan entrañables.
Mi querida volanta… hoy te volví a encontrar,
y con vos… también me encontré a mí.

Nota:

El medio de transporte por muchos años preferido del estanciero y su familia  era la “volanta”. Se lo ataba a una yunta de caballos, pero para los viajes largos se aumentaba la fuerza de tracción, agregando uno o dos delanteros, a veces uno o dos postillones montados y frecuentemente, algunos laderos que tiraban no al pecho sino a la cincha y cuyo único atalaje era, por lo general, un recadito rudimentario.

La volanta, era utilizada para asistir a celebraciones de cumpleaños, bodas y bautismos y, sobre todo, para asegurar la puntual concurrencia de las muchachas a los bailes.

El conductor era un peón veterano de absoluta confianza, que llevaba en el pescante las valijas y cajas que contenían las galas que lucirían las niñas, porque ellas cambiarían en casa de amigos las vestimentas magulladas por el traqueteo de la volanta, repitiendo una vez más la transformación increíble de las mujeres en víspera de fiesta.

cukongbet

cukongbet

cukongbet

cukongbet

cukongbet

cukongbet

cukongbet

cukongbet

cukongbet

cukongbet

cukongbet

cukongbet

cukongbet

cukongbet

cukongbet

cukongbet

cukongbet

cukongbet

raffi888

raffi888

deluna188

raffi888

raffi888

paris888

dewi111

romanobet

cukongbet