Ser abanderado no es un simple premio

ABANDERADOS5

La noticia sobre la posibilidad de que Primaria elimine el sistema de abanderados, ha provocado numerosas voces en contrario en las redes sociales e incluso, en nuestros lectores cuando lo publicamos el pasado domingo.

Corro el riesgo de que se me tilde de estar aferrado a un pasado escolar, pero comparto la discrepancia por dicha iniciativa.

Portar la bandera de un establecimiento educativo es, sin lugar a dudas, uno de los mayores honores a los que puede aspirar un estudiante a lo largo de su trayectoria académica. No se trata simplemente de llevar un símbolo patrio o institucional en un acto ceremonial; representa encarnar los valores más altos que la comunidad educativa busca fomentar. Es un reconocimiento al esfuerzo sostenido, a la integridad personal y a la capacidad de ser un modelo a seguir para compañeros y futuras generaciones.

Este rol, cargado de simbolismo y responsabilidad, va mucho más allá de las calificaciones y se adentra en la esfera del carácter y la influencia positiva dentro del entorno escolar.

La bandera, ya sea la nacional o la propia del colegio, es un emblema que condensa la identidad, la historia y los principios de una comunidad. Al entregarla en manos de un estudiante, la institución deposita en él o ella la confianza de representar todo aquello que la escuela valora y enseña. Es un voto de fe en su capacidad para llevar adelante ese legado con orgullo y dignidad. Ser abanderado no es un simple premio; es el reconocimiento público de que un estudiante ha logrado armonizar el éxito académico con una formación humana ejemplar, demostrando que la excelencia integral es posible y deseable.

Este honor resalta la importancia de la educación no solo como un medio para adquirir conocimientos, sino también como un proceso fundamental en la formación de ciudadanos conscientes y comprometidos. El abanderado se convierte en un faro, demostrando que el camino del esfuerzo, el respeto y la empatía conduce a la realización personal y al reconocimiento colectivo.

Ser abanderado es un honor que trasciende lo académico, convirtiéndose en un símbolo de liderazgo positivo y un recordatorio para toda la comunidad educativa sobre la importancia de cultivar no solo mentes brillantes, sino también corazones íntegros y ciudadanos comprometidos.

Con esta medida lo único que hacen es mostrarles a los chicos que esforzarse no tiene valor.

No podemos retroceder en la educación y permitir que en Uruguay nivelen para abajo.

cukongbet

cukongbet

cukongbet

cukongbet

cukongbet

cukongbet

cukongbet

cukongbet

cukongbet

cukongbet

cukongbet

cukongbet

cukongbet

cukongbet

cukongbet

cukongbet

cukongbet

cukongbet

raffi888

raffi888

deluna188

raffi888

raffi888

paris888

dewi111

romanobet

cukongbet