Ser abanderado no es un simple premio
La noticia sobre la posibilidad de que Primaria elimine el sistema de abanderados, ha provocado numerosas voces en contrario en las redes sociales e incluso, en nuestros lectores cuando lo publicamos el pasado domingo.
Corro el riesgo de que se me tilde de estar aferrado a un pasado escolar, pero comparto la discrepancia por dicha iniciativa.
Portar la bandera de un establecimiento educativo es, sin lugar a dudas, uno de los mayores honores a los que puede aspirar un estudiante a lo largo de su trayectoria académica. No se trata simplemente de llevar un símbolo patrio o institucional en un acto ceremonial; representa encarnar los valores más altos que la comunidad educativa busca fomentar. Es un reconocimiento al esfuerzo sostenido, a la integridad personal y a la capacidad de ser un modelo a seguir para compañeros y futuras generaciones.
Este rol, cargado de simbolismo y responsabilidad, va mucho más allá de las calificaciones y se adentra en la esfera del carácter y la influencia positiva dentro del entorno escolar.
La bandera, ya sea la nacional o la propia del colegio, es un emblema que condensa la identidad, la historia y los principios de una comunidad. Al entregarla en manos de un estudiante, la institución deposita en él o ella la confianza de representar todo aquello que la escuela valora y enseña. Es un voto de fe en su capacidad para llevar adelante ese legado con orgullo y dignidad. Ser abanderado no es un simple premio; es el reconocimiento público de que un estudiante ha logrado armonizar el éxito académico con una formación humana ejemplar, demostrando que la excelencia integral es posible y deseable.
Este honor resalta la importancia de la educación no solo como un medio para adquirir conocimientos, sino también como un proceso fundamental en la formación de ciudadanos conscientes y comprometidos. El abanderado se convierte en un faro, demostrando que el camino del esfuerzo, el respeto y la empatía conduce a la realización personal y al reconocimiento colectivo.
Ser abanderado es un honor que trasciende lo académico, convirtiéndose en un símbolo de liderazgo positivo y un recordatorio para toda la comunidad educativa sobre la importancia de cultivar no solo mentes brillantes, sino también corazones íntegros y ciudadanos comprometidos.
Con esta medida lo único que hacen es mostrarles a los chicos que esforzarse no tiene valor.
No podemos retroceder en la educación y permitir que en Uruguay nivelen para abajo.