Si se calla el cantor calla la vida.

Colgada para siempre en los musicales rincones del alma, ha quedado la voz de José María Bedat.

La muerte, aunque previsible pero siempre inesperada, castiga muchas veces a nuestro entorno y pega, como una bofetada, en el corazón.

Tal el sentimiento que experimentamos ante el fallecimiento del querido “Pochongo”.

Con él, casi de niño, compartimos una misma pasión: la canción, la música, el folclore.

Independientemente de sus tantas exitosas facetas, sobre la que historiábamos semanas atrás en nuestro Programa “Perfiles”, fue su voz tan distinta, tan clara, tan penetrante y siempre tan dispuesta a dar, que se extrañará no sentirla.

La de “Pochongo” era una voz reconocida y admirada, culta y formada, llena de amor por su tierra.

En su homenaje, al decir de Guarany, “que mil guitarras desangren en la noche, una inmortal canción al infinito. Si se calla el cantor… calla la vida.”