No hay que llorar porque ha terminado sino sonreir porque sucedió.

Y como una especie de crónica de una muerte anunciada, el Maestro ha sido destituido de su cargo al frente de la Selección Nacional del fútbol uruguayo. 

La decisión, también como era de esperar, ha provocado opiniones encontradas: algunos la justifican otros la consideran injusta.

Pienso que Washington Tabárez no encontró o no supo encontrar la luz que necesitaba para comprender que había llegado el momento de dejar su cargo.

No tengo la menor duda que una retirada en el momento oportuno es una virtud que ensalza a quien la realiza.

Su faceta de liderazgo había perdido fuerza, especialmente en la gente que, en algún momento, llegó a venerarlo.

Porque, por lo general, cuando las personas se apoltronan en lo bueno es difícil que hagan dejación de sus poderes para volver al terreno plano. Las alas favorecen el vuelo y a seguir pensando que siempre se dispondrá de la fuerza necesaria para mantener la altura. Y aunque volar alto es lo que permite la supervivencia para que no te lluevan las bofetadas que se dan en el vuelo raso, no es incompatible saber ponderar el momento de conocer que se cumplen etapas en la vida como para decidir el momento de pasar a otra nueva.

El tránsito favorece la personalidad en tanto que se sale con la cabeza alta y el agradecimiento de aquellos con los que se ha podido estar estrechamente vinculado. Pero si se agota el tiempo, se puede salir bastante trillado. La imagen y entrega anterior puede quedar tan diluida como para que se le recuerde exclusivamente por ese instante final.

En toda actividad prolongada, y en el fútbol aún más evidente, siempre se le juzga por lo último que hace. Poco cuentan los éxitos cosechados por abundantes y magníficos que hayan resultado.

Mucho de esto me permito reflexionar le ha pasado al Maestro, que, tras un trabajo impresionante por su brillantez, poniendo a Uruguay en los primeros planos del fútbol mundial, se va echado por la dirigencia, que, seguramente, ni no fuera Tabarez, hace tiempo hubiera tomado tal decisión.

Como en una película, es este el final de la historia.

Bueno sería repasar todos los capítulos que la componen, para terminar diciendo: gracias!