Cada vez menos tolerancia, menos compromiso y menos respeto

28 ANTES

No sé si fuimos la mejor generación…pero sí fuimos una generación criada con esfuerzo, con límites y con respeto.

Crecimos comiendo lo que había en la mesa, usando la ropa hasta que no diera más, yendo a la escuela con frío o con lluvia porque faltar no era una opción.

No teníamos lujos, pero teníamos enseñanzas.

Nos enseñaron a saludar, a pedir permiso, a respetar a los mayores, a obedecer a nuestros padres y a entender que los maestros merecían consideración.

Nos enseñaron que primero estaba la obligación y después el gusto. Ayudábamos en la casa, cuidábamos a nuestros hermanos, hacíamos mandados y aprendíamos que todo costaba.

Cuando hacíamos algo mal había corrección. Cuando no cumplíamos había consecuencias.

Y aunque no todo fue perfecto, crecimos sabiendo que la vida no nos debía nada y que cada cosa había que ganarla. Por eso duele mirar alrededor y ver cómo se han ido perdiendo valores tan simples pero tan esenciales.

Hoy hay más comodidades, más tecnología y más derechos…pero cada vez menos tolerancia, menos compromiso y menos respeto.

No se trata de vivir en el pasado. Se trata de no olvidar que hubo principios que nos hicieron fuertes.

Y que sin límites, sin responsabilidad y sin educación, ninguna sociedad puede salir adelante.

Uruguay se nos está yendo de las manos

Y lo más triste… es que pareciera que nos estamos acostumbrando.
Un delivery sale a trabajar para llevar el pan a su casa y termina muerto.
Un adolescente de 16 años se entrega por haber disparado… y queda en libertad mientras todo sigue.
Un niño de 9 años baleado.
Una nena de 3 años herida por una bala.
Criaturas creciendo entre sirenas, miedo, ajustes de cuentas y una violencia que ya dejó de sorprender.
¿En qué momento la vida empezó a valer tan poco?
¿En qué momento trabajar, salir a la calle o simplemente ser niño se volvió un riesgo?
Nos repiten que reforzarán patrullajes. Nos dicen que investigan. Nos prometen que no quedará impune.
Pero mientras las palabras van y vienen…la sangre sigue corriendo.
Y no, esto no es normal.
No puede ser normal que un país entero viva con miedo.
No puede ser normal que los delincuentes sean cada vez más jóvenes y cada vez más violentos.
No puede ser normal que los inocentes paguen siempre.
Uruguay duele.
Porque sentimos que lentamente se nos escapa de las manos el país tranquilo en el que crecimos.
Y cuando la violencia se vuelve costumbre…ya estamos perdiendo demasiado.
* Del muro de Alejandra Ortega

 

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