Víctor Darwin Rodríguez: entre la vocación y la responsabilidad

Ser periodista hoy en el interior del Uruguay es, más que nunca, un acto de resistencia. No solo frente a la crisis económica que atraviesan los medios —que cierran, se achican o sobreviven con lo justo—, sino también frente a la indiferencia social, la inmediatez vacía y un ecosistema informativo que parece premiar el ruido antes que la profundidad.
Po eso es de destacar, y me produce una enorme satisfacción hacerlo, que el colega Víctor Rodríguez esté nuevamente presente en un Campeonato del Mundo.
En el viaje de Víctor, de alguna manera vamos todos.
Su trabajo incansable en el terreno del deporte fundamentalmente, es una mezcla de orgullo, cansancio, convicción y lucha, condiciones esenciales para quienes abrazamos esta tarea, con presupuestos mínimos, con equipos reducidos y con recursos técnicos que quedaron atrás del tiempo. Sin embargo, el compromiso suele ser más grande que las dificultades.
Y no es fácil: a veces, la audiencia pide velocidad más que calidad; pero, aun así, seguimos apostando al oficio como herramienta de construcción social.
Deseamos al querido colega la mayor de la suerte en su cobertura periodística mundialista, sabiendo que capacidad le sobra para lograrlo.
Me consta que hoy muchos jóvenes sueñan con ser relatores deportivos y colgar de sus gargantas las emociones que surgen de las canchas, o cronistas escritos para contar historias del fútbol y otros deportes.
Acá, en su Durazno, en cada emisión de los encuentros en los que juegue Uruguay, cuando veamos la imagen de Víctor, se alimentarán varios espíritus vocacionales y para muchos como nosotros, la emoción de saber cómo fue su recorrido para llegar y la riqueza del contenido de cada una de sus entregas.
¡Suerte estimado amigo!