La cometa de los sueños
Con la llegada de la primavera, tras el frío y la lluvia, han aparecido las clásicas cometas.
Una por aquí, otra por allá, mientras disfrutan sus vacaciones, los niños remontan sus cometas que serpentean coloridas y brillantes como si quisieran alcanzar el sol, se elevan mientras sus flecos se despliegan en un baile mágico.

Años atrás, era casi un ritual. A la decisión personal, se agregaba “La cometa de los sueños”, un evento que la recordada Carmita Bonfrisco, desde su Radio Durazno, organizaba para deleite de niños y mayores.
¿Quién en su niñez no ha remontado una cometa?
Seguramente los lleve a recordar esos comienzos dificultosos, en los que su padre, madre, abuelos o tíos, en el afán de que la cometa se desplegara terminaban ellos sosteniendo el barrilete. Pero lo cierto, es que luego de varios intentos finalmente lográbamos remontarla. ¡Ah qué sensación placentera tener el hilo en nuestras manos, mientras suavemente la veíamos elevarse sin obstáculos, hasta donde el carrete llegara!
La memoria tiene ese fantástico don de traer de esas estantería recuerdos que parecían haber quedado perdidos pero allí están, y regresan con los aromas, tonalidades, sabores, texturas y sonidos vividos, es posible entonces revivir esas tardes en el campito remontando cometas donde los árboles nos hicieran un espacio.
Y no faltaba la ocasión en que por remontarla en las calles de nuestro barrio, la cometa quedaba atrapada entre algún árbol, o en los cable de la luz. Ay qué dolor cuando esto sucedía, era como enfrentar un inmenso duelo, terrible, desgarrador. “Se los dije”, decía mi padre intentando consolarnos y también recordándonos el error cometido, pero ya era tarde nuestras cometas habían quedado atrapadas, y lo más triste que la veríamos allí rotas seguramente testigos de toda nuestra primavera.
¿Quién no ha remontado una cometa alguna vez?
Y siempre es una buena oportunidad para hacerlo. Remontar una cometa es permitirse volar, dejar que fluyan nuestras ilusiones, nuestra creatividad puesta al servicio del viento que nos acaricia suavemente en la primavera. Así se deslizan diáfanas las cometas en busca de elevarse y permanecer flotando en ese maravilloso cielo de posibilidades. El sol brilla entre los colores de sus telas, mientras ellas llenas de encanto vuelan libres, soñadoras en busca de iluminar las pupilas y sacar el brillo de las miradas que descreídas vagaban ausentes.
¿Quién no se ha dejado cautivar por el encanto de una cometa?
Quizás en algún momento caminando en primavera al elevar nuestra mirada al cielo nos hemos topado con ellas, y hemos quedados absortos mirándolas deslizarse con gracia y fluidez.
Qué maravilla dejarse llevar por esa fiesta de cometas que se elevan coloridas, sin otra pretensión que volar libres llevadas por ese viento tibio primaveral, perfumado por esa nueva estación que llega vacilante a despertar la esperanza.