«Ser polvo en tu uniforme o sudor en tu caballo»

Este 23 de setiembre se cumplen 175 años del fallecimiento del General José Gervasio Artigas, prócer de la patria, símbolo de soberanía, libertad y justicia.
Artigas murió en Paraguay en 1850, a los 86 años, tras una vida marcada por la lucha revolucionaria y el exilio.
Reconocido como “Jefe de los Orientales” y “Protector de los Pueblos Libres”, Artigas cruzó el río Paraná el 5 de setiembre de 1820, ingresando a Paraguay por Itapúa. Allí inició una etapa de retiro, dedicada a labores agrícolas, acompañado por su fiel amigo Joaquín Lenzina, conocido como Ansina.
En 1841, tras la muerte del dictador José Gaspar Rodríguez de Francia, el nuevo gobierno paraguayo le ofreció regresar a su tierra natal. Artigas, sin embargo, eligió permanecer en Paraguay y solicitó permiso para quedarse hasta el final de sus días. El presidente Carlos Antonio López le permitió establecerse en la quinta Ybyray, en el barrio Trinidad de Asunción, donde falleció el 23 de setiembre de 1850.
Cinco años más tarde, en setiembre de 1855, sus restos fueron repatriados a Uruguay por pedido popular. Actualmente, descansan en el Mausoleo de la Plaza Independencia, junto a su monumento.
El legado de Artigas trasciende generaciones.
Cada 23 de setiembre, en honor a su memoria, se realiza la solemne ceremonia de incineración de Pabellones Nacionales, reafirmando los valores que guiaron su vida: soberanía, respeto y libertad.
El predio que lo albergó en Paraguay fue donado por ese país en 1903, como gesto de gratitud por la devolución de los trofeos de guerra de la Triple Alianza. En ese lugar, en 1924, se inauguró el centro escolar “Artigas” del Solar de Artigas, la única escuela pública uruguaya ubicada en el exterior.
“Nada podemos esperar, si no es de nosotros mismos”, expresó Artigas, y su pensamiento sigue vigente como guía para el pueblo uruguayo.
- Frase del título: parte del poema de Julián Murguía (Martín Ardúa) «Décimas al cumba viejo».
Quisiera poder abrir
una picada en el tiempo,
pa meterme historia adentro
y buscarte en el Ayuí,
ver la Patria junto a ti
como el trueno junto al rayo,
como una flor en el tallo,
y pa sentirme conforme
con ser polvo en tu uniforme
y sudor en tu caballo.
Para poderte rodear,
para seguirte la huella,
me habría trepado a una estrella,
que te pudiera alcanzar
y cuando fuiste a buscar
un destino fracasado
yo te hubiera acompañado
en cuerpo y en sentimiento
echando en un canto al viento
la gloria de ir a tu lado.
Ya me voy marchando
sin miedo ni duda
con el cumba viejo
a buscar ayuda.
Nunca lo he dejado,
tampoco esta vez.
los demás se quedan;
yo me voy con él
No pediría cosa alguna
que oír las dianas de Mayo,
montar con vos a caballo
pa marchar soles y lunas
sin buscar otra fortuna
que ver libre nuestro suelo
echando tu enseña al vuelo
pa correr miseria y hambre,
esa diagonal de sangre
con que cruzaste el Cielo.
Quisiera verte hoy aquí
que somos tantas banderas
y que se ha vuelto tapera
lo que querías conseguir.
Yo sé que es mucho pedir
un sueño de ese tamaño;
fanega y media de años
es carga para el más fuerte.
Por eso lloro mi suerte
y hay que ver cómo te extraño.