La ilusión vale cuando la realidad la toma de la mano

La imagen que nos devuelve la fotografía de “Canona” Suarez no debería sorprendernos porque desde la década del 50, la roja pasó por momentos de gloria y de fracasos, pero nunca, nunca, del abandono de su gente.

Y hoy, cuando en un rato Durazno procure de visita ante Colonia alcanzar el título sureño, estarán cientos de duraznenses con las banderas color pitanga, con los cánticos tradicionales del más laureado del interior, con el entusiasmo lógico de quienes saben que esa casaca les representa.
“Nuestras ilusiones no tienen límites; probamos mil veces la amargura del cáliz y, sin embargo, volvemos a arrimar nuestros labios a su borde” señalaba René de Chateaubriand (1768-1848) Diplomático y escritor francés.
Y por qué no tener esa ilusión, una ilusión eterna, o por lo menos que renace a menudo en los que han nacido junto al Yi, y que está muy cerca de ser una realidad.
Han sido tantos los títulos logrados que, si hoy no se diera, todos sabemos que más tarde o más temprano se renovará la ilusión, porque nuestra rica historia la sostiene.
¡Arriba Durazno!