Sin perder identidad.

La emotiva actuación de Rubén Cuestas el sábado en el Teatro Gualeguaychú de la ciudad del mismo nombre, que tuvimos la satisfacción de disfrutar, demostró si es que era necesario después de 50 años con el canto, el arraigo de la artista en la tierra entrerriana.

Decimos emotiva porque el exintegrante del dúo Los Hermanos Cuestas – su hermano Néstor falleció hace dos años – ahora lanzado como solista a los 80 años, mostró una lucidez envidiable, se adueñó de la escena y entre versos y silbidos nos empapó de río y monte para trascender las fronteras provincianas.

Los colegas de la publicación digital Uno Entre Rios, señalan “Solista es un decir, si en Rubén Cuestas habita una bandada. La gente lo entendió y aplaudió de pie. Gustaron sus interpretaciones, no solo de los clásicos sino también de aquellos temas de letras y melodías muy sencillas, preparados para lucir a los pájaros, es decir, chamarritas como un fondo, donde se destaca ese talento inigualable para la imitación de los trinos, una especialidad de Cuestas. Brillante.

Claras también sus referencias artísticas e históricas, lo mismo que la explicación de la presencia de pueblos originarios y africanos esclavizados en nuestro territorio, todo para poner en contexto la hermandad del candombe y la chamarrita, por ejemplo.

La voz de Rubén Cuestas, está intacta y los registros prácticamente son los mismos de aquellos del Festival de Durazno en la década de los 80, cuando con su hermano eran ovacionados y galardonados con el “Charrúa de Oro”-.

Alabar a las aves difundiendo sus voces.

Rubén convive con las aves desde muy pequeño. Aún hoy, lo contaba en el escenario, suele sentarse en su patio y diseminar migajas de pan mientras silva remedando a los pájaros y estos vienen, a alimentarse de ese tributo que hace el hombre que, ama a los pájaros “pero sin jaula señor”, como dice una de sus canciones.

De esos labios privilegiados vuelan los pájaros en bandada. El zorzal, la calandria, el Juan chiviro, el benteveo, la tacuarita y cuántos otras perlas del monte.

Su repertorio es tan sencillo como auténtico que une a los hombres por encima de las fronteras.

Escucharlo cantar, sentir el silbido de los pájaros cuando abre su corazón es sentirnos americanos, rioplatenses, hermanos. La presencia de los mismos árboles, las mismas aves, el mismo mbicuré a dos costas ayuda a comprender la unidad por encima de fronteras inventadas.

Qué falta les hace a los eventos de hoy estas expresiones genuinas.

Rubén recuerda con mucho cariño a Durazno, su Festival y su gente.