11 VIEJA DE LOS PERROS

Hace un tiempo, al visitar una pequeña localidad, un lugareño se vanagloriaba de que allá no tenían personajes típicos, ni “bobos”, “personas inoportunas”, “tarados mentales”, “de esos que siempre llegan a incomodar a los visitantes, a mirarlos y sonreírles sin motivo, a mendigar una moneda o a escuchar lo que no es con él”.

 Me tocó entrar a aclararle que no todos los bobos ni locos, ni mudos, ni aquellos seres que cargan con alguna enfermedad mental o una deformidad son personajes típicos.

«Un personaje típico tiene una identidad que logra calar en el imaginario popular por algún rasgo sobresaliente o que causa impacto, repetitivo y que se da a la vista de los paisanos. Su modo de ser se vuelve parte del paisaje humano». Esos seres se hacen intransferibles pues, con la forma de llevar la vida y de acomodarse a las circunstancias, insinúan ciertas características que no se dan, del mismo modo, en los conglomerados del contorno.

Se respetan, se estiman y se defienden.

El amigo Henry Silva Verges, con quien compartimos los primeros años en la vieja 25, me hizo llegar la fotografía que reproducimos.

Inmediatamente afloró el recuerdo para Hortensia Alvarez.

Fuimos vecinos en calle Larrañaga de esa mujer a quien apodaban “La vieja de los perros”, porque recorría las calles de Durazno acompañada por varios perros a los que parecía cuidar mucho más que a ella misma.

Ella vivía a su manera y tenía un gran respeto por su entorno, una especial educación que se notaba apenas entablaramos un diálogo.

Esa mujer que se dice estudió Magisterio, se sentaba en el cordón de la vereda y le rodeaban los niños a los que solía hacerles cuentos.

No necesitaba invitación para nada, pero solía aparecer, en los momentos más solemnes en la historia de la localidad. En los actos patrios se subía a un banco de la plaza para cantar con emoción el Himno Patrio.

A un lado de las personalidades locales, esos humildes seres posan como simples “personajes típicos”.

Los personajes típicos de un pueblo, como Hortensia Alvarez,  suelen vivir con carencias materiales, muchas veces solos, apartados, pero reconocidos por todos.

Con su forma de hablar, de vestirse, de andar por la vida, van marcando una manera de ser que todos reconocen. Están en las historias que se cuentan, en los recuerdos de la gente, en los cuentos que pasan de generación en generación.

Sin duda, forman parte del patrimonio más genuino de un pueblo.

  • Foto de Henry Silva Vergés – esquina de Dr. Luis Alberto de Herrera y Juan Bautsta De León.

 

 

 

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