27 BAYGORRIA2

Por Carlos Fariello

Llueve esta mañana de jueves y todos estamos aplaudiendo, por qué no, la pasión del Negro Rada.

Con lágrimas que se confunden con la mansa lluvia que cae ahora, pero vamos cantando en nuestro interior sus canciones.

No hay quien no lo nombre en ambas orillas del Plata desde ayer a la tarde cuando el mundo se enteró de su partida.

Pero no hablemos ya de partidas sino de presencia ya para siempre en el Olimpo que músicos y el pueblo van armando a lo largo del tiempo y donde se mezclan los que están y los que físicamente ya no.

Ese Olimpo suena hoy porque miles de tambores repican vibrantes por las calles de Montevideo y de su queridísimo Uruguay.

Una brisa que viene desde el mar inunda Palermo y se pierde en sus calles hasta que se encuentra con la gente que fiel al ritual que el Negro inventó baila para ahuyentar toda sospecha de tristeza.

Allí donde tantos de su raza supieron del dolor de la discriminación y de la ofensa.

Allí el legado de su obra viene a poner en su lugar a los de su gente que son convocados por la memoria de una ciudad que celebra la vida de esta manera inusual para el mundo.

Nadie va de negro, todos vamos de rojo por dentro con una alborozada esperanza porque sigue cantando en cada esquina este zorzal negro mientras la cuerda de Ansina marca el pulso de un día que nadie quiere que se termine.

 

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