«Tucho» y sus goles de carnaval
“Los carnavales de antes eran distintos” suele ser una expresión reiterativa cada vez que la fiesta popular se reedita.
Y lo eran. Murgas, Conjuntos humorísticos, cientos de “mascaritos” , vecinos comunes que, con pocos recursos (trapos viejos, caretas de cartón o disfraces improvisados), salían a la calle a gastar bromas y divertir al público de forma espontánea, carros alegóricos, la Reina, sus princesas , el “Marques de las Cabriolas” y los cabezudos, constituían los principales atractivos en los corsos del centro o barriales, donde proliferaban el papelito y las serpentinas “reciclables” junto a los “pomos” de agua, perseguidos por la autoridad, pero siempre vigentes. Todos estos animadores, junto con el público que se sumaba a la fiesta, hacían del carnaval d una celebración muy divertida
Los tablados que se diseminaban en varios barrios de la ciudad y en Plaza Independencia, eran la oportunidad para que la gente escuchara las “críticas” a la Comisión de Carnaval, al Intendente de turno o los cuplés con temas de actualidad.
Y en esos escenarios levantados sobre tanques de chapa, aparecían otras figuras como “El Tucho” Méndez, personaje imprescindible de aquellos carnavales.
Poniéndose una mano sobre la oreja y un pequeño tarro de micrófono, imitando a Solé en las épicas hazañas de la celeste, su relato era prácticamente infaltable. No pasaba por el concurso oficial y, sin embargo, la gente lo escuchaba y lo aplaudía en cada aparición escénica.
¡¡¡Éramos tan felices!!!
El dibujo de “Tucho” de “Cacho” Burgues nos permite rescatar estos momentos es recordar que la verdadera riqueza de una comunidad está en su gente y en su capacidad de crear alegría con lo que tiene a mano.
El carnaval era del pueblo.
Y lo más valioso que tenía era que no necesitaba nada más que al pueblo.
Hoy, más que nunca, mirar hacia atrás es rendir homenaje a quienes supieron hacer de la calle un escenario y de la alegría una tradición.