El interior no sobra; sobran las miradas que lo subestiman.
Por Daniela Moreira
El senador del Frente Amplio Nicolás Viera propone reducir la cantidad de departamentos y considera “ilógico” que Uruguay tenga diecinueve.
Aunque lo presenta como una idea personal, merece una respuesta política clara: rechazo que la discusión sobre la eficiencia del Estado empiece por reducir la representación territorial de nuestra gente.
Cruzar Uruguay en seis horas no significa conocerlo. Hay que recorrer sus localidades, escuchar a sus vecinos y comprender cuánto pesa la distancia cuando una familia necesita una respuesta.
Conocer un barrio, una escuela rural o una comunidad permite advertir necesidades que pueden quedar invisibles en una planificación hecha lejos del territorio.
¿Se debe cuidar el dinero público? Por supuesto. Cada peso debe justificarse, cada gestión debe rendir cuentas y cada servicio debe mejorar. Pero quien propone reducir departamentos tiene que explicar cuánto se ahorraría, dónde se tomarían las decisiones y cómo se garantizaría que las localidades más pequeñas conserven su voz.
¿Quién quedaría más cerca de las soluciones y quién tendría que viajar más para ser escuchado?
Cooperar entre departamentos, compartir servicios y coordinar inversiones merece discusión. Para eso necesitamos propuestas serias, con evidencia y participación de las comunidades.
Como nacionalista, defiendo la autonomía departamental porque creo en un país que permita a su gente participar y decidir desde el lugar donde vive. Esa convicción también exige responsabilidad y buena administración.
Cada departamento tiene historia, identidad y capacidad para construir su futuro.
Antes de preguntarse cuántos le sobran al Uruguay, la política debería preguntarse cuántas respuestas le está debiendo al interior.
Rada le cantó a nuestro país: «Gracias a vos, hermosa tierra». Y agradecer esta tierra también es defender la voz de quienes la habitan, la historia de sus pueblos y su derecho a decidir.
Que ningún rincón del Uruguay tenga que hacerse más pequeño para que sus gobernantes lo consideren importante.